Hoy salí de mi casa, y para variar, estaba atrasado.
No tenía rumbo claro de por donde partir con mis actividades. Si sabía cuáles eran, así que lo dejé a la tincada. Tomé la maravillosa troncal 225 en la esquina de Bahía con Arriagada, a pasos de mi casa. Pasó el Carolo gritando, flaites corriendo y una mina embarazada que tenía cara de pena y preocupación. De todos esos personajes, nos subimos sólo el Carolo y yo.
Me subí, saludé al chofer y marqué mi bip! Atrás mío, Carolo sólo atinó a gritar: "Aaaaah!! Tíooo, estoy embarazadaaaaa!". Debo explicar que Carolo es un tipo que se viste de mujer y que con el paso de los años, pasó de ser un travesti bien vestido y productor de películas porno caseras (tenía un cartel en la puerta de su casa que decía "Se hacen películas XXX") a lo que es hoy, un puto viejo, lo más probable que esquizofrénico y que pulula en el sector donde vivo. No creo que nadie lo odie, ya que es un personaje, con todas sus letras, del barrio. Está ahí, y la "pobla" no sería lo mismo sin él.
Bueno, la cosa es que el Carolo grito eso, el chofer ni se inmutó y como nadie lo pescó, se bajó dos cuadras más allá donde se instaló una carnicería. A lo lejos se escuchó gritar "aaaay quiero carne!!" Más de alguno soltó su carcajada en la micro.
De ahí, lueguito llegué a la estación Vicuña Mackenna del metro. Se me pasó rapidito también el trayecto, ya que me puse a cantar un album completo de Nana Mouskouri que cargué al celular. Que voz!! que letras!! Que mujer!!!
En fin, casi se me pasa Grecia, así que corriendo salí y corriendo subí las escaleras para llegar al paradero de la 507 (¿recuerdan qué estaba atrasado?). Llegué arriba pa'l gato, casi con síncope y justo venía la micro. Alcancé a subir, saludé al chofer y me acomodé al final del troncal. Venían dos parejas de niñas: unas colegialas flaites-pokemonas-emos y otra pareja de universitarias-cuicas-de la tribu del malkaraxo y con cara de apestadas. Puuutaa! obligado a mirar pa' la calle po!
Grecia es bonito. Bueno, por lo menos a mí me gusta. Tengo que reconocer que en el caso de Ñuñoa, el RN que está a su cargo a hecho una buena labor. Dan como ganas de vivir ahí. Lo penca son los tacos que se forman por lo de los corredores exclusivos para el Transantiago, pero me imagino que será por poco tiempo más y espero a su vez cuiden los árboles que hay por toda la avenida. Son finalmente, los que le dan el "caché" a Grecia.

Fue cuático cuando pasé de largo el paradero de Grecia/Pedagógico 1 (Macul con Grecia). Es mi lugar de bajada, sentir el tropel de gente que se apresura para meterse a la mala por las puertas de atrás, mientras el ganado que viene dentro de la micro lucha por salir rápido y ponerse a correr por la avenida para llegar a la UTEM o al Pedita. Uno aprovecha de catear la laucha, de subir o bajarle puntos a las compañeras que llegan y de cagarse de la risa con algún especimen cuático que de cuando en vez se aparece.
Pasando ese paradero, la micro queda con algo más de espacio. Vacía, nuuunca! a menos que sean las 12 del día y que todo el mundo esté haciendo algo más importante que andar en micro. No tenía idea adónde bajarme; iba al Físico del Peda, ese que queda en Luis Bisquert. En teoría, sabía donde quedaba, pero nunca había ido.
La cosa es que el paradero de la micro donde me bajé sólo por cachativa, está justo frente a la calle donde debía de meterme para entrar al Fisico. Sorprendente!! Mi Transantiago me ayudó, sin saberlo...el sistema funcionó! ejaléee.
El trámite fue expedito. Tenía que renovar el pase, y no me demoré más de 10 minutos. Ahí me acordé de una antigua pega que tuve, al ver mis añorados tótemes. De ahí salí del Físico y tenía que ir al Pedita (campus Macul), y como soy flojo, volví a tomar micro. Esta vez, la 506.
La 506 era un circo. Habían vendedores de confites, una pareja de cantores con credenciales y un niño que tocaba flauta. Había harto ruido, y mucha gente. No era como para ir estudiando o filosofando por la vida con algo como la física cuántica, pero si se notaba que era agradable para los pasajeros y también por el chofer. Se les notaba en las caras que les gustaba ir en esa micro. Justo tocó bajarme, cuando empezaron a pedir cooperación los artistas de la micro, y hasta donde ví, toda la gente les dio. Fue un buena micro para esos cantantes.
Caminé rapidito al departamento de Crédito Universitario, sabía que estaba atrasado. Llegué, y me encontré con tres tipos echaditos pa'trás en sus asientos, compartiendo un paquete de galletas. Y había gente po! Sólo que la atendía un puro tipo. Yo dije que estaba apurado y que si fuese posible, me atiéndese otro de los tipos echaditos pa'trás. Quizás que cara puse (si de pena, enfermedad o de aweonao) que me hicieron pasar, y me dijeron "aaah! pero esto tienes que hacerlo en "tu" universidad", a lo que respondí "-pero si yo estudió acá!"..."-Ah perdón!, verdad que apareces en el sistema...bueno, entonces lleva tu comprobante de pagaré del credito a la PUC y asunto solucionado".
Agradecí, salí corriendo y para mí suerte, pasó justo la 212.Tenía que estar antes de las 17 hrs en Lira 17 y ya eran las 16:10. Nunca me había ido desde el Peda hasta mi antigua casa de estudios, así que me urgí un poco por la hora. La 212, como nunca, voló por Macul. No me dí ni cuenta cuando cruzamos Irarrázabal y eso que a mi me gusta contar toda la gente que espera en el paradero que va hacia el Sur. Casi pasa desapercibida la mezquita de Campoamor, pero justó cambió la luz en la esquina y un Imán cruzó la calle,miré entonces hacia atrás y le hice un gesto al edificio.
Macul se convirtió rapidamente en Gral Artigas, y me persigné al ver la cruz de Santa Gemita. Le prometí que volvería. Llegué de un paraguazo a Bilbao con Los Leones y mis ojos se fueron al oriente, calzada sur, para ver si estaba el local de la Ingrid, la mesera que nos atenía a Rafa y a mí cuando tomabamos su pisquito sour.
Se subió la mansa rubia en unas pocas calles antes de llegar a Providencia. Así que me quedé con las ganas de mirarla más, porque salí corriendo a tomar el metro en Los Leones para así llegar antes de las 17 a la Católica. Choqué con una escolar, un punkeke y con un curita. A todos les pedí disculpas a la rápida y me subí al metro. No miré nunca el reloj, porque capacito que me diera el soponcio si veía la hora.

El metro me pareció lento esta vez, y no era agradable: había olor a poto y todos se daban cuenta, mirando para todos lados buscando al o los culpables. Literalmente, me importó una raja, y llegué a la Católica. Corrí y me perdí. ¿Dónde cresta estaba Lira 17?!!! Un guardía del centro de extensión me guió muy amable, porque iba para allá mismo. Llegué y el tipo a cargo me dijo, después de escuchar mi caso "aah! ya, ok, pero tenías que traerme otro papel, no estos"..."-pero cómo si pregunté en mi U"..."preguntaste en San Joaquín?"..."-NO!, mi universidad es la UMCE!"...blablabla. Finalmente, tengo que volver otro día. ¬¬
Salí y ví la hora. Eran las 16:59. Fuí un as po' loco!
Así que me cambió el caracho y tomé otra micro. una 400 y algo. Micro muy fome loco! Iba solo, así que me fuí mirando los edificios. Repetí una frase que me sale instantánea cada vez que voy al centro: "pucha que me gusta Santiago!". Y me fuí cantando "A mi ciudad", de Santiago del Nuevo Extremo. Un clásico.
Entonces, me bajé y caminé hacia el paradero de la 104, ahí en Suecia con 11 de septiembre (o es Providencia?? siempre me confundo!). Mil chorrocientas personas y un perro, esperaban la micro. Llegó la 104 y nos subimos mil chorrocientas un personas, más el perro. Dicho can, se paseó por toda la micro, y más de alguno lo espantó. El perro negro, grande y algo cochino, ni se inmutó. El loquito se dio el trabajo de buscar un lugar agradable dentro de la micro para echarse un ratito...hasta llegar a su paradero! Y si!, el perro sabía adonde iba! Se bajó en Artigas con El Aguilucho, y se metió a un negocio que hay en toda la esquina. Era un perro con buen sentido de la orientación. Yo cacho que su dueño era el Ministro Cortázar.
Me bajé en Artigas con Simón Bolivar, y mi Santita me saludaba desde lejos. Fue genial volver! Ese es mi lugar, mi espacio. Son mis santos, mis oraciones y mi tranquilidad. Estuve un poco más de lo habitual, por que igual le debía a Gemis una visita. De todas formas, prometí volver dentro de este mismo mes.
Ya como andaba de nuevo acompañado por Santa Gemita, salí a la esquina y no me costó en tomar la 104. Iba llena. Una señora andaba como peleando sola, quería un asiento. Generalmente lo doy, pero me dolían los pies. No se lo dí, quizás por que la señora no era vieja, se veía joven; quizás por que andaba muy cansado, me dolían mucho los pies; pero la verdad era, que no le dí el asiento, porque andaba peleando sola. Yo andaba lleno de paz, no quería pelear. Haz el amor, no la guerra, loco.
Pasamos el Pedita de largo, el guanaco punto fijo de la esquina, la UTEM, y llegamos al semáforo de Agrícola con Macul. Fue inevitable mirar hacia la derecha, y buscar entre los vidrios del Servipag a mis antiguos compañeros de trabajo. Ya no había gente conocida, salvo el señor caritativo de la botillería de al lado, que siempre nos regalaba una coca cola chica, cuando nos veía cagados de tantas horas pegados en la pega de la renovación de pases. Lo saludé desde la micro. Él miró, pero no supo quién era yo. Ya todo era distinto, así que me despedí calladito de ese lugar.
Llegamos a la estación Macul del metro, y la 104 se llenó de escolares. Infelices escandalosos!! Propiciaron el primer dolor de cabeza del día. Les eché la culpa a ellos, pero la verdad es que era de hambre.
Diego Portales con Avda. La Florida, y había que bajarse. El sistema volvió a funcionar, ya que detracito de la 104, saliendo por San Jorge, venía la E11. La micro se pasó a olor a las sopaipillas que varios compraron antes de subirse, lo que me dio más hambre y más dolor de cabeza. En la esquina de Vicuña Mackenna con María Elena, el ganado subió tan rápido y brusco, que se veía y sentía como la micro se meneaba de un lado a otro. Ah! y el olor a sopaipilla con mostaza abundó. La gente consume muchas sopaipillas mientras esperan la micro!
Ya doblando por María Elena con Miguel Mújica (la continuación de Julio César), se siente lo hogareño. Ya estaba en mis terruños y eso ameritaba "Juntos" de Paloma San Basilio. Me bajé cantando en mi esquina de General Arriagada con Bahía Catalina, y estaba de nuevo el Carolo. Ahora no gritaba, ni nada. Se veía cansado. Yo también lo estaba, pero a mi me gusta andar en micro, así que llegué a mi casa contento.


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Que bien que exista un santiaguino que le guste Transantiago, a mi personalmente no, aunque el sistema me benefició con más movilización pero prefiero mi cleta, aunque es sorprendente como por arte de magia que alcanzaste a hacer todo ¡antes de las 5 de la tarde! Leer tu relato me dejaba dudas en la cabeza, cómo alguien se cambia de la PUC y cómo alguien hace reverencia al edificio de Campoamor y luego se llena de energía linda con la Gemita, bueno cada loco con su tema, no tienes para qué responder era sólo lo que surgió de tu lectura.
Saluditos
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PALE sinzenti2racional
Hola, me gusta mucho tu pagina, esperon que sigas posteando. Un saludo